TRASTORNO DE LA IDENTIDAD SEXUAL EN LA INFANCIA

Iván Omar es un niño de 7 años que es traído a consulta porque está siendo víctima de Bulliyng en el colegio. Acude con su madre, su padre y los abuelos maternos. La madre, apurada, me hace unas señas que no entiendo, hasta que me dice directamente: Dr. Quisiera hablar un momentito con usted antes de que mi hijo pase a consulta. A lo que accedo con mucho gusto. El padre también se queda, él con la cara seria y ella rompe a llorar.

“Mi hijo es un niño bastante educado, criado con todos los valores que le inculcamos, pero no se sabe defender cuando sus compañeros del salón lo insultan.”

“Lo que sucede Doctor, es que mi mujer no ha sabido criarlo bien, cada vez que yo lo he corregido ella ha intervenido en su defensa– interrumpe el padre. Además sus abuelos muchos lo engríen”.

La madre se defiende diciendo que él no es el único hijo varón, recuerda que tenemos cinco hijos varones y a todos los hemos criado por igual.

El padre acusa a la madre: Creo que todo esto comenzó cuando empezaste a comprar y a tejer ropitas de color rosado porque creías que nuestro quinto hijo sería mujercita.”

“El que quería hija mujer eras tú, desde el segundo hijo ya querías que fuese mujercita, igual me convenciste con el tercero y con el cuarto, y ya después de siete años lo tuvimos a nuestro Iván Omar–dice la madre.

Yo doctor a todos los he tratado de una forma brusca, pero a mi último hijo no le he podido poner rigor, porque la mamá me decía que esas actitudes las dejara en el Ejército, que acá en la casa no podía estar con cachaquerías.

Claro pues Doctor, si la primera vez que mi esposo vio a mi hijito ponerse mis zapatos de taco, dio un grito en el cielo y le dio una tremenda paliza que de no haber sido por sus abuelitos, me lo manda al hospital. Todos los mayores lo hicieron cuando eran niños y nunca les ha pasado nada.

Yo a todos les he traído carritos, pistolas, ametralladoras, tanques, pelotas de fútbol, y a todos les gustaban menos a Iván Omar. Me preocupé cuando dejaba de lado los juguetes y prefería jugar con las muñequitas de sus primitas, a la cocinita, a las casas de las Barbies, a recortar figuritas de La Sirenita. A los más grandes hasta ahora les gusta sacar sus soldaditos para jugar, sus carritos, y de ser ellos les gustaría Ben 10, El hombre araña, Plantas versus zombies, Bajo terra, pero a mi hijo no. Una vez, solamente una vez lo vi con las uñas de las manos y de los pies pintados con esmalte rojo. Y no le pequé porque estaban sus abuelos consentidores.

Y ahora nos están llamando, no por sus calificaciones que son excelentes, sino por su comportamiento, que no se agrupa con los varones, que no quiere jugar ni de arquero en el equipo del salón, que prefiere ir a jugar vóley con las chicas. He averiguado que hay varios tratamientos para lo que tiene mi hijo, que hay hormonas para que se pongan más machos y olviden estas cosas de la niñez. Sus compañeros, en vez de llamarlo por su nombre Iván Omar, lo llaman Ivón Xiomara, y además se lo escriben en sus cuadernos. Y mi hijito, lo peor de todo es que no reclama, nos hemos enterado por lo de los cuaderno y por una nota que nos envió la tutora en la Agenda Escolar. Creo que vamos a denunciar al colegio.

Entonces hago pasar a Iván Omar. Noto ciertas ojeras, algunos tics en los ojos y constantemente se muerde las uñas y en la entrevista acorde con la edad, le pregunto si desea quedarse solo o si quiere que se retiren los padres. A lo que Iván Omar me responde de una manera firme, y clara, que se queden, que saben todo de mí. Saben que no me gusta jugar con los chicos, que prefiero los juegos de las chicas, que incluso deseo ser una chica, no me gusta ser hombre, les he pedido que me compren unos vestidos, pero no quieren, solamente me han dicho que cierre mis ojos y que rece, que son tonterías propias de mi edad, que ya se me pasará. Mi mamá sabe que me pongo sus medias de nylon para dormir.

Eso sí nunca nadie me ha tocado ni me ha manoseado. Yo quisiera ponerme un vestido, porque me gusta, pero en mi casa no me dejan. Solamente lo hago cuando voy a jugar con mis primas. Cuando me molestan en el colegio, yo puedo aguantar un poco, pero cuando hacen bromas pesadas soy capaz de reaccionar feo. La vez pasada la saqué sangre a un compañero que había roto mi tarea y la había tirado en el inodoro del baño.

Cuando me quedo nuevamente con los padres les explico los diagnósticos y les digo que lo que más me preocupa es la depresión y que necesita ser tratado en forma integral. Con respecto al Trastorno de la identidad Sexual a la edad de su niño, es conveniente que la familia entera entre a Terapia para que pueda entender a Iván Omar, ya que además de la depresión, los conflictos generados por las expectativas de la familia, vecinos, compañeros, y las burlas y rechazo a las que pueda quedar sometido, van a generar un gran estrés y malestar en el menor. Les explico que, aunque a esta edad los niños puedan vestirse de mujeres, a diferencia del Travestismo fetichista en adultos, este travestismo de los niños no causa excitación sexual. También les explico que de todos los chicos que tienen un Trastorno de Identidad Sexual en la Infancia, de uno a dos tercios, van a presentar una Orientación Homosexual durante la adolescencia y después de ella. Muy pocos de estos niños, llegan a presentar Transexualismo en la vida adulta.

Espero que los padres y la familia entera puedan entrar en Terapia y puedan demostrarle su cariño, protección y comprensión a Iván Omar, en esta etapa difícil por la que está pasando. Y que al final, como en todo, que triunfe el amor.

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